AQUI LAS LEYENDAS MAS CONOSIDAS EN NUESTRO RANCHO Y MUNICIPIOS ALEDAÑOS

EL PEÑÓN

El peñón de Jantetelco, obsérvese bien, es como una gigantesca cara de gorila, del lado poniente, lo que pudiera ser la oreja, es un peñasco, dicen que es una gran puerta, que se abre exactamente a las 24:00 horas del dia 31 de diciembre de cada año, es una gran caverna llena de tesoros: baúles de monedas de oro, joyas, piedras y metales preciosos; se puede entrar y tomar lo que se guste, algo muy importante, el tiempo para entrar y salir es solamente lo que tardan en dar las 12 campanadas, o... se queda encantado.

 

 

"EL XOCO"

Hace años en la actual calle Zaragoza, vivía una bella mujer, que a pesar de ser casada le gustaba la vida alegre; por las noches que regularmente eran muy obscuras, a la orilla de la barranca, se citaba con algún hombre, eran tantos los que deseaban ser agraciados con sus amores; cierto día, se le presento un apuesto caballero, elegantemente vestido de charro con botonadura y espuelas de oro y plata, con una particularidad de que sus pies eran pesuñas como de un macho cabrío, montado en su brioso caballo negro; después de las citas le nació un niño con pequeñas pesuñas, peludo, los ojitos tenían un brillo intenso; la matrona que atendió el parto se asustó tanto, que lo cubrió completamente y se lo llevo lejos del pueblo. Le llamaron "El Xoco", quién después se supo, agradecía haber nacido en Amayuca, pero que en su pueblo natal no quería provocar desgracias y se lo llevaron a vivir a Coahuixtla.

De vez en cuando viene a su pueblo natal, los perros aúllan, la gente se asusta y dice: "anda suelto el diablo" y desgraciadamente suceden infortunadas muertes.

 

 

 

LA CARRETA DE LA MUERTE

En Amayuca se cuenta que en las noches oscuras, se escucha el lúgubre rechinar de unas llantas de carreta antigua, se advierte que quién la escuche no debe salir a ver lo que es, pues se dice que es la carreta de la muerte y quién la ve... ¡Se muere!

 

 

EL HACENDADO DE TENANGO Y LOS GATOS

Se cuenta que Don Luis García Icazbalceta, excéntrico y rico hacendado, decían que era brujo y que tenía pacto con el diablo; le gustaban los gatos, tenía muchos en su casa, tantos que causaba pánico tan sólo escucharlos maullar.

A un costado de la iglesia, frente a la tienda de raya, en un edificio de dos niveles con grandes arcadas, mandó construir un monumento, sentado sobre dos talegas de oro, se encuentra con los brazos abiertos como indicando la medida de un trozo de caña que podían tomar los peones del campo, no más. Aquí dormían los trabajadores que venían de los pueblos durante el corte de caña, le llamaban el hotel del muñeco.

Este hacendado hacía creer, que tenía la característica de estar en los días de raya a un mismo tiempo en sus cuatro haciendas, advertía que si alguien tomaba del campo caña o mazorca, el muñeco se daba cuenta y quién lo hiciera sería golpeado o el día de raya se le descontaba o sumaban a la libreta, la que casi nunca se encontraba en saldo.

De Don Luis, no se supo, se dijo que... se lo llevaron los gatos.

 

 

LA RECOMPENSA. LA SEPULTURA DE LA IGLESIA
DE SANTIAGO APÓSTOL.

En el antiguo camino real, que comunicaba con el rancho Amatzongo, existen vestigios de una construcción donde vivió gente muy rica. Cierta tarde, un ciudadano que por ahí pasaba, se encontró a un extraño personaje, quién le suplicó lo trajera cargando hasta la sepultura que se encuentra frente a la iglesia de Santiago Apóstol, le dijo que lo depositara suavemente y se retirara sin voltear atrás, además, mandar oficiar tres misas en su honor, a cambio recibiría una fabulosa recompensa. Al pasar por las calles del pueblo, la gente lo veía muy fatigado, pero no veían la extraña carga que llevaba; hizo lo indicado al llegar al sepulcro, sin embargo, antes de retirarse volteó hacia atrás, vió una intensa llamarada, se asustó tanto que a los tres días murió, y no recibió la prometida recompensa.